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La Folía San Vicente

La Folía es mucho más que una procesión: un ritual cargado de tradición y alma marinera donde participa todo el pueblo. A lo largo del fin de semana, la villa se transforma y la música, las vestimentas, los adornos y los cánticos contribuyen a crear una atmósfera única.

Tradición y cultura 1

El Santuario de la Virgen de la Barquera conforma uno de los espacios más emblemáticos del municipio y el punto clave donde se inicia y concluye la procesión por tierra y mar. Su arquitectura sencilla, de estilo tradicional cántabro, está marcada por líneas humildes que reflejan la función original del templo: servir como refugio espiritual para marineros, pescadores y navegantes. El interior es austero, con una nave principal que conduce hasta el pequeño retablo donde se ubica el camarín con la imagen de la Virgen.

Además, el Santuario está situado justo a la entrada del puerto, lo que permite disfrutar de una espectacular panorámica de la bahía, la Playa de Merón y la desembocadura. Un lugar que no solo resulta importante durante La Folía, sino también a lo largo del año, ya que allí acuden numerosas personas para hacer promesas, agradecer favores o simplemente disfrutar de la tranquilidad de la ría.

El edificio actual del Renacimiento de los siglos XVI y XVII fue levantado y ampliado sobre uno anterior erigido en el siglo XII. La primitiva ermita señala la tradición que fue erigida en el lugar mismo en donde hizo su aparición la sagrada talla, donde quedó encallada la barquilla, levantada en la costa rocosa y con los cantos arrojados a la playa por las olas, dándola un carácter de rústica y sencilla construcción, y eligiendo para altar el trozo de roca de un escollo de nuestros mares.

De acuerdo con el historiador Valentín Sainz, la constancia histórica sobre los orígenes del Santuario se encuentra en los pergaminos que guardaba el archivo parroquial, en concreto, el señalado con el número 27, otorgado por el Rey Don Juan II (22 de febrero de 1429), se nombra de modo expreso la Iglesia de Santa María de la Barquera, incluso se detallan las juntas solemnes que en su anexa hospedería celebraba la entonces poderosísima Cofradía del Señor de San Vicente de la Mar. Posteriormente, en fecha del 17 de enero de 1454, el Papa Nicolao V, mediante su Bula Religionis Zelus, concedió al padre franciscano Fray Juan de la Trecha poder morar allí perpetuamente con otros frailes de la misma Orden. Allí permanecieron durante 14 años, trasladándose después al Convento de San Luis.

Tradición y cultura 2

La protagonista indiscutible de la fiesta es la Virgen de la Barquera. Según P. Fernández Regatillo, es una talla de madera, hoy vestida; aunque aún se perciben en ella vestigios de antiquísima pintura que pregonan su vetustez. En su vestido blanco lleva bordado el escudo de San Vicente, un barco a toda vela rompiendo una cadena. Privilegio concedido a la villa en recuerdo de la rotura del puente de barcas moriscas sujetas con cadenas que los sarracenos pusieron sobre el Guadalquivir para impedir la conquista de Sevilla por los cristianos. Viste manto de luto el Sábado de Gloria, y azul el Domingo de La Folía.

Se considera a la Virgen protectora de los marineros y de aquellas personas que trabajan en el mar. De hecho, en el Santuario podemos ver una gran cantidad de exvotos, fotografías y ofrendas que barquereños y barquereñas han ido llevando a lo largo de generaciones, tanto para pedir protección como para agradecer favores.

Coronación y recoronación

La Virgen de la Barquera fue coronada canónicamente el día 8 de septiembre de 1929, por el Nuncio de su Santidad, monseñor Tedeschini, asistido por los Obispos de Santander, don José Eguino y Trecu, y el de Ciudad Rodrigo, don Manuel López de Arana, así como el de Zamora. Organizado con gran solemnidad, la coronación fue por la tarde, después de recorrer la Virgen en procesión por las calles para embarcarse “en la proa del mayor de los barcos”, y allí mismo el Nuncio la coronó, después de haber coronado al Niño. En aquel momento se izó la bandera en la proa rompiendo el silencio emocionado con una salva de sirenas, palmadas y cohetes.

El 16 de abril de 1950 se volvió a coronar a la Virgen, siendo párroco don Jerónimo Gómez, en presencia de las autoridades de Santander y el Obispo de Oviedo, don Francisco Javier Lauzurica y Torralba, contribuyendo todo el pueblo para comprar corona y manto, tras su pérdida durante la Guerra Civil, y el Niño que sostenía en su mano.

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La participación de las jóvenes “picayas” conforma uno de los elementos más esperados de la procesión. Estas jóvenes vestidas de blanco y azul van interpretando los picayos (cánticos tradicionales) que se interpretan durante la fiesta de La Folía al ritmo de sus panderetas adornadas con cintas azules y blancas.

Los cantos o picayos se basan en melodías sencillas, pero intensas, que van acompañando tanto la procesión terrestre como parte del recorrido marítimo. Entre las letras más conocidas, destacan estrofas que las vecinas más mayores han conservado de memoria, destacando:

“Oh, qué será ese reflejo
que aquí nos viene a alumbrar,
es la Reina de los cielos
que la vamos a encontrar”

Cuando van a salir para alta mar se canta lo que sigue, texto bello e interesante, que ofrece rasgos con marcado sabor de poesía vieja y popular, como demostración de la persistencia en la tradición oral de antiguas canciones líricas y populares:

“Atraca marinero, atraca al muelle,
que la Virgen María embarcar quiere”

Al atraque o al volver en procesión, se cantan diversas tonadas:

“Cuando el marino en la mar su plegaria a Ti elevare,
socórrelos ¡Oh, María!, no olvides que eres su Madre”

Una vez llega de nuevo a la ermita, donde los jóvenes la recogen fervorosos para colocarla de nuevo en su trono secular, mientras el pueblo despide a su Reina y Madre repitiendo las estrofas de las de los últimos picayos:

“¡Oh, Madre! Tiende al viento,
Marineros y Virgencita de la Barquera:
Marineros cantad a María,
en la Pascua de Resurrección,
celebrando la alegre Folía
que retorna a su antigua mansión.
La Barquera es el bosque sagrado
donde mora la madre de Dios,
La Barquera es el nombre adorado
que a esta Villa la Virgen le dio”

Las picayas

Es uno de los elementos más representativos de la tradición es el Cabildo de Mareantes de San Vicente de la Barquera, institución estrechamente ligada al pasado pesquero del municipio, gremio de pescadores y marineros que organizaban parte de la vida económica y social de este puerto del Cantábrico durante la Edad Media. Las ordenanzas más antiguas conservadas de esta Cofradía datan de 1330. En la antigüedad se encargaba de custodiar la imagen de la Virgen y de organizar su traslado tanto por tierra como por mar.

En la actualidad, esta entidad fija la celebración de La Folía, a partir de la fecha en que cada año coincida la Semana Santa, en virtud de la hora de la pleamar en los domingos siguientes al de Pascua. Designa y supervisa la preparación de la embarcación principal, conocida popularmente como “el barco guía”. Este coordina los tiempos de salida y llegada para garantizar que todo se lleve a cabo con el respeto y la solemnidad que la caracteriza desde hace siglos.

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La Cofradía de la Virgen de la Barquera se encarga de custodiar la imagen de la Virgen en su Santuario todo el año. Organiza las procesiones donde la Patrona de la villa es protagonista, principalmente Sábado Santo, Domingo de Resurrección y La Folía.

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Antes de que las “picayas” tomen protagonismo, la Banda de Cornetas y Tambores acompaña encabezando la procesión durante el recorrido por las calles del municipio. Sus toques van marcando el ritmo de la salida, creando expectación entre los asistentes.

Los sones de cornetas y tambores conforman parte esencial del patrimonio musical de la fiesta. Las marchas suelen ser sencillas, sobrias y profundamente ceremoniales, y sus ecos se escuchan desde los miradores, balcones y calles del casco histórico, reforzando la emoción de los primeros momentos del cortejo.

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La Folía San Vicente
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