La Folía es una de las citas más importante del calendario festivo de Cantabria y una de las procesiones marítimas más singulares de nuestro país. Un acontecimiento que se siente, se escucha y se vive con una intensidad que solamente pueden entender aquellos que han tenido la oportunidad de vivirla. Está reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional.
Cada año, la música vuelve a unir a vecinos y visitantes. La devoción a la Virgen de la Barquera y el carácter de la Patrona de los Marineros se entrelazan con los cantos, las panderetas, los coros y el sonido del mar.
La música de La Folía: cuando el mar también canta
La música de La Folía se convierte en una extensión del propio entorno marinero, desde los primeros compases en tierra firme hasta el estallido en alta mar, acompañando, guiando y emocionando a los asistentes.
De hecho, la presencia de las Picayas es uno de los elementos más distintivos de la fiesta. Las jóvenes, vestidas de azul marino y blanco y acompañadas por panderetas decoradas, van interpretando cantos tradicionales o picayos que han ido pasado de generación en generación.
Melodías sencillas, pero profundamente emotivas que van acompañando momentos clave como la llegada de la imagen de la Virgen al puerto o su embarque en el barco pesquero generando una gran emoción entre los vecinos.
Programa de ocio de La Folía: música, tradición y alegría en la calle
Además de la procesión marítima, el programa de ocio de La Folía ofrece otras muchas actividades. Durante varios días, San Vicente de la Barquera se transforma en un escenario vivo donde la música y la gastronomía se convierten en protagonistas.
De la iglesia al puerto: el recorrido musical
El recorrido comienza a primera hora de la mañana con el Toque de Diana de la Banda de Cornetas y Tambores, y su clásico pasacalles por San Vicente, hasta llegar a la Iglesia de Santa María de los Ángeles, donde tiene lugar la misa. En ella, interviene la Coral Barquera, y una vez concluida, la música continúa por las calles de la villa. Ya por la tarde, con el traslado de la imagen hacia el puerto, durante el trayecto, los sonidos de las cornetas, los cantos y las panderetas crean una atmósfera llena de solemnidad y, al mismo tiempo, muy festiva.
Cuando la Virgen llega al puerto, la música va cambiando y se vuelve más abierta y alegre. Es el preludio del embarque y de la gran procesión marítima.
La procesión en alta mar: el momento más esperado
El punto álgido de la celebración es el instante en que la imagen de la Virgen de la Barquera es subida a un barco decorado con flores y banderas. Decenas de embarcaciones acompañan la travesía mientras suenan sirenas, cantos y vítores.
Cuando cae la noche: la música de La Folía invita a bailar sin descanso
La música en La Folía no se detiene cuando la procesión regresa a tierra. Al contrario, se vuelve más festiva y desenfadada. Ya desde el mediodía, y a medida que cae la tarde, las calles se llenan de ritmos tradicionales y melodías populares que invitan a quedarse un rato más, con Raíces Barquereñas y la Escuela de Folclore de la villa. Una fiesta que se alarga hasta bien entrada la noche con las orquestas y la discoteca en la Plaza Mayor del Fuero, donde el cansancio pasa a un segundo plano y el cuerpo aguanta… porque la música lo pide.
No pasa nada si no sabes bailar, solo tienes que dejarte llevar.
Turismo cultural: música, paisaje y tradición viva
La Folía también es un referente del turismo cultural en Cantabria, combinando patrimonio, paisaje y tradición.
El entorno de Parque Natural de Oyambre y del valle del Saja Nansa ofrecen un marco incomparable para la celebración, permitiendo disfrutar de un amplio abanico de rutas, opciones de turismo activo y unas vistas espectaculares de la costa.
Gastronomía y sonidos del norte: el cierre perfecto de la experiencia
No podemos hablar de La Folía sin hablar de gastronomía. La música también abre el apetito. De hecho, la música, la comida y la fiesta forman un todo inseparable. En las calles de San Vicente es habitual encontrar propuestas como el Sorropotún (sobre todo en los meses de verano con la llegada de la costera del bonito del Norte) que, sin duda, debes probarlo. Y es que no hay mejor forma de entender una cultura que viviéndola con todos los sentidos.
